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Alejandro Serrano


Alejandro Serrano
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viernes, 18 de marzo de 2016

Repartiendo EPIs.... solidaridad entre los compañeros




Para estar en la unidad productiva donde estaba había unos EPIs (equipos de protección individual) obligatorios y otros que eran optativos.

Sin embargo había uno que no constaba pero que la empresa lo ofrecía. Consistía en una chaqueta que era bastante útil en invierno para todo aquel que saliese a fumar en las pausas al exterior o que fuese a los vestuarios. 

Realizando labores de trabajo nadie la llevaba puesta. Era demasiado gruesa e incómoda. Le ponían el nombre y la dejaban colgada en unas perchas que había a tal efecto próximas a su puesto de trabajo.

Un invierno el departamento de personal hizo el pedido habitual y me comunicaron las pautas para repartirlas. Correspondía repartir una a cada empleado fijo cada dos años así que me dijeron a cuáles SI correspondía (a los que NO, es que se les había dado el año anterior). Como el pedido tenía alguna de más, estas se repartirían entre el personal eventual según el criterio que había pasado el dpto. de personal (hay que tener en cuenta que quizá al acabar el contrato no volvieran a la fábrica, por ejemplo, simplemente porque se habían colocado en otro sitio). Tuvieron en cuenta el tiempo hasta finalizar el contrato, el número de contratos que tenían, la última vez que se les había dado una y no sé si alguna cosilla más.

Cojo las chaquetas y, según iba la gente yendo por turno de tarde, cuando más tiempo tenía, yo mismo se la daba en mano y me firmaban un recibí para entregar a personal.

Pues bien, llego a un empleado, miembro del comité de empresa.... y me rechaza cortésmente la chaqueta.

Le miro sorprendido. Se trataba de una persona aproximadamente de mi edad, con quien había tenido siempre buena relación y con quien los temas de carácter sindical los habíamos resuelto desde el diálogo y buscando puntos comunes.

Le pregunto cuál es el motivo.

Me lo explica:
que su chaqueta apenas está utilizada aunque tenga dos años. Que está en perfecto estado y que puede aguantar otros dos años más sin problemas. Que prefiere que se le dé a otra persona que no le corresponde según el listado y que lo aproveche esa persona, que él aguanta con la suya sin problemas.

No tuvo inconveniente en firmarme el justificante de que sí había recibido la chaqueta y tuve que consultar con personal cuál sería el siguiente en la lista para dársela a esa persona.


Tanto la persona "agraciada" (la que gracias a este gesto) como mucha parte de la plantilla supieron de este buen gesto de un compañero suyo.

Gestos que contribuyen a generar un buen ambiente laboral, de lo cuál me alegré.

Incluso en los sitios más anónimos y donde tanto se dice "yo aquí vengo a trabajar y el resto me da igual" uno se encuentra gestos como este que honran tanto a algunos.

Bravo por él.


jueves, 17 de marzo de 2016

Permisos y ausencias de trabajo (II). Cuando alguno quiere aprovecharse



Como me dijo un amigo funcionario: "al indiferente, la ley vigente".

Tenía un empleado que sus compañeros decían que era el que mejor salud tenía de todos. El motivo era por las veces que faltaba para a ir a consulta médica.

Cuando entré en esa unidad seguí lo que había hecho mi predecesor y fui cambiando cosas poquito a poco algunas cosas.

Y respecto a este empleado, efectivamente, parecía que se pasaba el día entero en el médico.

Me entregó un justificante y.... ponía que era de centro de atención primaria. Lo archivé y no dije nada.

Tres semanas más tarde me advierte que al día siguiente faltará. Le pregunto el motivo y me dice que tiene que ir al médico. Le pido la citación y ponía "análisis". No digo nada y espero al justificante.
Pone "centro de atención primaria XXXXX, su nombre, fecha, hora y poco más".

A la semana siguiente tenía que volver (a coger los resultados) y nuevamente permiso por médico.

El individuo, adicionamente, necesitaba tres cuartos de hora para salir de la fábrica pues quería ir aseado (sí, incluso para una simple analítica de sangre), una hora de desplazamiento a su médico (y otra de vuelta), el rato que estuviera dentro y luego, como estaba en ayunas, se iba a almorzar.


Pues le computé las tres últimas veces y le dije que estaba próximo a acabar con las 16 horas de médico de atención primaria que disponía anualmente.

Quejas por medio y me envía al comité de empresa.
Estos se interesan por el caso y les digo que esperen un momento que busco la documentación.

Les saco los tres justificantes y les pregunto que si ven en algún sitio que eso es médico especialista. Que si me lo justificaba, le cambiaba la computación pero que mientras pusiera atención primaria....

El comité de empresa se queda dubitativo y les saco de dudas: que sabía que se trataba de analítica. Que las analíticas las hacían enfermeros (o DUEs o como los llamen ahora) y que no había visto a un médico ni por asomo.... y que para tener permiso por consulta de médico especialista, lo primero era ir a ver a un médico especialista.



El individuo no volvió a pedir analítica en lo que iba de año y me quité un problema grande de absentismo. Había cogido esto por costumbre. Mi antecesor se lo había permitido pero uno.... si hace falta mirar una vez para otro lado, vale, pero que se te rían en la cara es otra cosa.


Como decía en el post anterior, a quien era necesario y se lo había ganado, le apoyaba con lo que me pidiese de acudir a algún sitio pero este.... ni era necesario (ni laboralmente era de los que "se lo ganase")




viernes, 19 de febrero de 2016

¿Hablamos de normativa?.... que ese payo no me venga con leyes....




Pues eso decía la canción... que ese payo no me venga con leyes, que pa' eso yo soy gitano, y tengo sangre de reyes en la palma de la mano....


Los operarios de un equipo concreto, con operaciones donde había unos problemas de ergonomía, rotaban entre sí cada hora. Era una recomendación del prevencionista.
La cumplíamos a rajatabla pero los propios operarios entre sí se habían organizado un sistema de rotación en el que, ni entraba ni salía. Digamos que si a ellos les gustaba y a mí me iba bien, pues todos tan contentos.

El problema es cuando de una costumbre haces una obligación y había que hacerse así, porque habían llegado a la conclusión de que "era así como se debía hacer".

Como decía, si a ellos les gustaba y a mí me iba bien, de maravilla... el problema es cuando un día, por unas circunstancias ajenas (personal no entrenado suficientemente en algunas tareas) tenía que romper su sistema tradicional de rotación. No me gustaba inmiscuirme en esas tradiciones que debían venir de tiempos de los íberos como poco... pero cuando el jefe te achucha con que hay que sacar resultados y sabes que como a tal persona la pongas a hacer tal trabajo estás perdido porque ni sale la producción, ni sale la calidad.... ni sale nadie por la puerta, pues hay que "tirar por la calle de enmedio".

Y le di orden al jefe de equipo de esa zona de que se rotase estrictamente según un orden que marqué. Solo para ese día pero había lo que había.

Es cuando uno de los más veteranos se enfada y le pide al jefe de equipo hablar conmigo. Vale...pues que venga. El jefe de equipo se pone a hacer su operación y entra a hablar a la oficina.

¿Qué sucede?.
Y me relata su queja por la rotura del sistema tan ancestral que tenían de rotación y que se veía perjudicado y que....

y le explico que les he dejado hacer siempre la rotación como les gustaba pero que los objetivos imponían y...

y me interrumpe hablando de la ergonomía.

y le matizo que la ergonomía y las recomendaciones del prevencionista se están cumpliendo a rajatabla con las órdenes que le he dado al jefe de equipo.

y me dice que "de toda la vida de Dios se había hecho así, así y así"


Llegados a este punto me entraron unas ganas muy grandes de decirle que estábamos en un Estado aconfesional y que sus argumentos no me valían (he recibido "argumentos" surrealistas y este lo tengo metido en el repertorio) pero... ¿Para qué discutir?

Opté por lo siguiente.

Sin inmutarme y con tranquilidad abrí el cajón y rebusqué en ese sitio donde teníamos un pedazo panfleto llamado Convenio Colectivo. Ese panfleto que conviene sacar cuantas menos veces mejor pero que hay que aprendérselo como los Axiomas de Peano que se estudiaban el primer día de clase e Cálculo infinitesimal.

Se lo puse encima de la mesa, le miré a la cara con firmeza pero suavidad y le pregunté: ¿En qué parte del convenio aparece lo que me estás pidiendo?

El operario siguió con las suyas, le dejé terminar y repetí la pregunta.... que sí, que todo lo que me estaba contando de maravilla pero que dónde estaba estipulado.

El asunto venía de que se habían organizado de una manera que les gustaba más pero que, como responsable de la unidad no tenía por qué ceñirme a ella, y, ni mucho menos, eran "derechos adquiridos". El responsable era yo, el que daría la cara por los resultados era yo y al que le pedirían rendir cuentas. En consecuencia, y teniendo en cuenta lo escrito en el convenio y las prescripciones de los prevencionistas había tomado una decisión ante una situación anómala.

Pues... no llegó ni a abrir el convenio.
Mejor para él porque perdería el tiempo. Tendré fallos como todos pero el convenio me lo sabía mejor que el propio comité de empresa y alguna vez que me habían reclamado algo les había citado el artículo por su número.


Fue entonces, cuando se puso tenso, cuando retiré el convenio y lo volví a meter en el cajón. Aplicando un poquito la empatía me puse en su lugar. Era una persona que superaba los 50 años, llegaba allí más de veinte y no tenía formación técnica. Lo que le pidieran y punto, y obviamente confundía las costumbres con los derechos... pero a él y a muchos. Otra cosa es que él se hubiera quejado más firmemente.

Opté por darle la vuelta a la tortilla. Cogí un folio y le pinté la línea de producción, marqué los puestos clave por los que tenían su propio sistema de rotación y el nombre de las personas que estaban ese día trabajando. Le expliqué las habilidades de cada uno en ellos (que eso se lo sabía igual que yo e hicieron falta pocos comentarios) y que tenían que salir los productos por la línea sin parar lo más mínimo... y que ese día debíamos trabajar así. Que si al día siguiente la situación era otra, obviamente yo no ponía pegas de la misma manera que llevaba años sin ponerlas. Que si me metía por medio.... ¿No sería por algo?

De convenios, el operario sabía poco, pero explicado sobre el papel y con las debidas explicaciones, a la par que le comenté por qué confiaba en él para un puesto complejo, el que menos gustaba, lo entendió de maravilla.

Como digo, no era una persona de formación técnica... pero plasmarle todo en un folio con palabras sencillas fueron los cinco minutos mejor invertidos que tuve con él en unos cuantos meses.

Se volvió a su puesto de trabajo, los compañeros vieron en la cara que volvía "convencido" y que no protestaba y no hubo ninguna queja en lo que quedaba de jornada. Se cumplieron expectativas de objetivos y, como al día siguiente la situación era otra, ya les dejé que se organizasen nuevamente.



¿Dónde radica la dificultad de todo?. Por una parte en saberse poner un ratito los galones. Un poquito de autoridad pero basada en conocimientos técnicos (en este caso saber cuáles eran los puestos claves y lo que decían los departamentos de personal y de prevención).
Pero también en la empatía de una persona que estaba dispuesta a trabajar, que no ponía objeciones al respecto y solamente estaba desconcertada y quería una explicación

Todos quieren hablar cinco minutos. No hay, ni que dar largas, ni que evitar el problema, ni eludirlo. Tan solo plantearlo. Si yo quería objetivos y él estaba dispuesto a trabajar, la dificultad estaba en explicar por qué así y no de otra manera... lo conseguí y, con su actitud, lo transmitió al resto.